Boedo: un barrio joven, pero con la impronta del tango y las letras
Por Facundo Cornejo, 15:00
Por Facundo Cornejo - Domingo 29 de julio de 2007
Boedo es un barrio de estirpe, con identidad desde sus tiempos de “indocumentado” e influenciado por la literatura y el tango mucho antes de que pasara a tener entidad propia. Con 39 años –cumplidos el 11 de junio- los vecinos celebraron el miércoles el día de su lugar de pertenencia, en conmemoración del 225º aniversario del natalicio de Mariano Boedo.
El barrio nació en 1968, a raíz de la promulgación de la ordenanza municipal número 23.698 que delimitó por primera vez a los barrios de la Ciudad, ya que anteriormente no existía una divisoria precisa, y había denominaciones barriales que hasta ese momento se superponían. “Lo que hoy se conoce como Boedo antes pertenecía una parte a Almagro, otra a San Cristóbal y a Parque Patricios”, explicó Alicia Rodríguez, tesorera de la Junta de Estudios Históricos.
Respecto de su nombre, es el único de los 48 barrios que lo toma de la calle principal, que en un principio fue conocido como “Camino al Paso de Burgos”, hasta que en 1882 Torcuato de Alvear lo reemplazó en homenaje a Mariano Boedo, jurisconsulto salteño signatario del Acta de la Independencia, al colocarle su apellido a ese paso.
Hacia el 1800 era una zona de quintas y hornos de ladrillos. Además, lo que hoy es la avenida Boedo fue una importante vía de circulación de vehículos de tracción a sangre que se dirigían al viejo “Matadero” que estaba situado en Parque Patricios. Ese paso obligado propició la aparición de pulperías.
Acerca de sus costumbres, Rodríguez agregó: “Boedo siempre fue un barrio obrero, que cada 31 de diciembre festejaban la llegada de un nuevo año en las calles con los vecinos, y que para los carnavales celebraban todos a baldazos”.
La influencia cultural es una marca bien definida en la barriada. El Grupo de Boedo, aquel que constituyeron Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque, Leónidas Barletta, Roberto Arlt entre otros, y se reunían en la Editorial Claridad (Boedo 837) de Antonio Zamora.
El tango es otra de las expresiones populares que recalaron, debido a que sus cafés históricos propiciaron el encuentro de nuevos músicos. Tal es así que Homero Manzi inmortalizó la esquina de San Juan y Boedo con el tango Sur: “San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido…”.
Y el fútbol está muy presente en la barriada. El club San Lorenzo de Almagro es el fiel representante. Siempre estuvo presente, primero en el estadio de Avenida La Plata y luego en el Nuevo Gasómetro de Bajo Flores el canto “¡Sí, sí, señores, yo soy de Boedo! ¡Sí, sí señores, de corazón!”. No hace falta remontarse demasiado al pasado, basta con recordar el último campeonato logrado por el Ciclón, el Clausura 2007, que llevó a que los hinchas se juntaran la mítica esquina.
Más cerca en el tiempo, el barrio no sufrió una abrupta transformación, y el fenómeno inmobiliario no llegó con toda su fuerza, con lo que todavía no perdió su tranquilidad. Y el principal reclamo generalizado es por la creación de un espacio verde (es el único barrio de la Ciudad sin plazas) en un terreno ubicado en Carlos Calvo y Loria –en disputa con una Iglesia Evangélica que asegura haber dejado una seña por ese lugar.
Un repaso de lo más característico de un lugar siempre es injusto, porque quedan otros rincones de esas calles de tango y literatura social, pero eso resulta una invitación para ir conociéndolos de a poco.
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2 Comentarios sobre "Boedo: un barrio joven, pero con la impronta del tango y las letras"
hala como andan este comentario se lo quiero dedicar a reberendo hijo de su madre qe me cago esto qe era mio ya saben de qe ablo p... cu... chu... de mi... matence cagones qe no danlacara
las re mil puta madre qe los pario cagones se ban amatar por chuparmela cuando esten enla quiebra putos ya ban a ber
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