Foto: Palermo on line
Hoy por hoy, al pasar por el Paseo de la Infanta, se evidencian los signos del descuido, caracterizados por locales vacíos y ladrillos que dejaron aparecer plantas como consecuencia del paso del tiempo. Por eso, en ese sector del Parque Tres de Febrero, entre Avenida del Libertador y Coronel Freire y los viaductos de los ferrocarriles San Martín y Mitre, el Gobierno de la Ciudad proyecta varias reformas para poner en valor a ese lugar que formaba parte de los puntos de interés turístico de Palermo.
Desde el gobierno porteño dicen que para fines de noviembre el Paseo de la Infanta lucirá remodelado, con un espacio parquizado con flora nativa y una fuente de estilo inglés. Asimismo, habrá un monumento a las víctimas del Holocausto, que se suma a un cambio de denominación que tuvo un sector del predio denominado Plaza de la Shoá.
El panorama del Paseo es de abandono. Sólo hay un bar con unas mesas y poca gente se acerca hasta el lugar, durante las tardes, ya que en las noches la zona no resulta propicia para ser transitada. Además, hasta marzo de este año, algunas líneas de colectivos utilizaban al lugar como “taller” improvisado, y derivó en reclamos de los vecinos para que sean retirados.
Si bien las obras ya comenzaron -estimadas en un millón de pesos y que lleva una demora de un año en base a los períodos de finalización pautados- y están a cargo de la concesionaria Panter S.A (que administra el espacio hasta 2009), no se evidencian nuevos avances, más allá de la primera etapa, que consistió en levantar las veredas internas y la capa asfáltica para luego arrancar con la parquización. Por otra parte, desde el gobierno porteño se justificó la tardanza debido a un cambio de proyectos: inicialmente estaba prevista una plaza seca, aunque después se optó por una propuesta alternativa de un espacio verde que mantuviera las características de paisaje y patrimonio del Área de Protección Histórica del Parque Tres de Febrero.
A raíz de la elección del proyecto alternativo, el Jardín Botánico aportará su experiencia en jardinería, y la Reserva Ecológica entregará ejemplares de su vivero de especies nativas, ambas también áreas protegidas de la Ciudad.
El Paseo de la Infanta es conocido por el accidente en el que murió Marcela Iglesias, la nena de seis años que en febrero de 1996 fue aplastada por una estatua de metal de 270 kilos. Y el nombre del lugar se debe a la visita de la infanta Isabel Francisca Asís de Borbón, en 1910.
Esta obra es una de las últimas que tendrá la gestión de Jorge Telerman, que para el 10 de diciembre transferirá el poder de la Ciudad a Mauricio Macri, que se impuso en las elecciones porteñas. Pero la puesta en valor también significa dejar atrás el problema de las jurisdicciones (el Paseo, si bien pertenece al Parque Tres de Febrero, está ubicado debajo de los puentes del tren, por ende las zonas de ferrocarriles son propiedad de la Nación) para dar un primer paso hacia la recuperación de un lugar que supo ser un punto de atracción del turismo.

















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