Entrevista a Ignacio Liprandi, posible futuro ministro de Cultura de la Ciudad por el macrismo: “Lo que Nación destina al área es irrisorio”

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Por Facundo Cornejo y Pablo Hernández - Sábado 15 de septiembre de 2007


Foto: Revista Hoy Arte Hoy


Ignacio Liprandi hizo de la cultura una forma de vida. Dejó el frío mundo financiero para convertirse en gestor cultural. Además de ser el dueño de una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del país, es el responsable del área cultural del macrismo y de la Fundación Creer y Crecer, que justamente preside Mauricio Macri, a la vez que está al frente de 80 Mundos, su productora.

Nacido en 1968 y licenciado en Administración de Empresas, con un Master en Sociología Política hecho en Francia, el –por ahora- asesor del PRO tiene una manera de pensar diferente a la de la estructura partidaria y está a la espera de una decisión del próximo jefe de Gobierno para ver quién estará al frente del Ministerio de Cultura, a la vez que criticó las asignaciones presupuestarias que el Estado nacional otorga al sector. Y también habló del Colón, al que consideró como un “ejemplo de exceso de personal”.

-En una nota de Página/12 y un despacho de la agencia TELAM señalaba que había una danza de nombres para la cartera de Cultura. ¿Usted sigue con posibilidades de poder estar a cargo del ministerio?
-Sí, en realidad no ha habido por el momento una definición por parte de Mauricio (Macri) con respecto de quién va a ocupar el ministerio. Por el momento soy, por un lado, responsable de la transición de Cultura con la actual administración y, por el otro, voy ocupándome de los distintos temas relacionados con el área. Él decidirá en las próximas semanas si soy la persona más adecuada para cubrir ese lugar o no.

-No se definiría entonces como el nuevo ministro de Cultura…
-No, definitivamente no porque no he sido confirmado.

-¿Cuáles cosas usted cree que le juegan a favor y en contra?
-Yo plantearía inicialmente cuáles son, en mi opinión, las características que un ministro de Cultura debiera tener para hacer una buena gestión, más allá de las personas, de los nombres. Para mí esas características son: en primer lugar un diagnóstico más o menos claro acerca de cuáles son los principales problemas de las distintas instituciones culturales de la Ciudad; en segundo término algunas de las soluciones a esos problemas; tercero: un equipo de trabajo conformado y en cuarto lugar la disponibilidad para trabajar quince horas por día. Finalmente, y aclaro que el orden no indica prioridades, en quinto lugar, que probablemente éste sea el primero, es una visión acerca de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires; el famoso “¿para qué?” y la respuesta a eso conforma una visión.

-En uno de los ejes del libro Cultura. Nuestra PROpuesta dice que las políticas culturales deben ser como un instrumento de inclusión social y de reparación social. Si llegó a eso es porque cree que la sociedad está rota en algo…
-Sí, me parece que más allá de las objetivas mejoras de los marcadores económicos y sociales en el país del 2002 a la fecha, después de la crisis enorme que vivió el país en aquel año donde llegamos a tener a más del 60 por ciento de los argentinos por debajo de la línea de pobreza, uno no puede pensar que más allá de la mejora posterior esa crisis no dejó secuelas profundas en el entramado social, en el tejido social. Por eso justamente nuestro objetivo es pensar la cultura alejada a ese paradigma que la identifica como espectáculo, como entretenimiento, para pensarla más bien en términos de generadora de capital social, como un “cemento de contacto” que nos une a unos con otros, como “cicatrizadota” del daño al cuerpo social producto de la crisis de hace cinco años.

-¿Cómo califica la gestión actual de Cultura?
-Me parece que es una de las áreas que en las últimas administraciones ha funcionado mejor, si bien hay cosas que hay que mejorar y pretendemos hacerlo y, de hecho, también hay algunos temas que directamente han sido desatendidos. Esta concepción de la cultura que enunciaba recién me parece que no es la concepción que las últimas administraciones han tenido más presente, más allá de las buenas intenciones. Para mí uno de los mecanismos más acertados para poner en práctica esa idea, atractiva a la hora de ser reclamada pero poco implementada de la cultura como elemento de integración social, es justamente fomentar, estimular, alentar el aprendizaje de disciplinas artísticas colectivas. Porque estas bandas, murgas y elencos de teatro y danzas me parece que en el proceso la gente que participa incorpora capacidades que son muy necesarias -casi imprescindibles diría- para la vida social. Dentro de esto hay un ejemplo claro a seguir, que es el de las orquestas infanto-juveniles venezolanas que surgen en el año 76 de la mano del ministro de ese país, Abreu, el “maestro”. Veinte años más tarde, en el 96, Buenos Aires decide llevar adelante este programa, a partir del 98 surgen las primeras orquestas en la Ciudad pero son siete. En el 2007, once años más tarde, tenemos siete orquestas, que es nada en relación a la necesidad. Un sólo número: la Ciudad de Buenos Aires tiene casi tres millones de personas, más allá de los diez millones que forman parte del Conurbano y circulan por la Ciudad; y de esos tres millones hay 500 mil que son menores de 14 años, casi el 21 por ciento de ellos están en situación de pobreza y el 30 por ciento de esos chicos están en indigencia. Siete orquestas son –a razón de 50 chicos cada una- 350 en total contra más de 100 mil en la pobreza. Nuestra idea es crear de acá al 2011, por un plan que le presenté a Mauricio, 60 orquestas infanto-juventiles. Se trate de que las iniciativas que tomamos tengan la escala suficiente para no ser una muestra de algo que podría utilizarse y el bla bla bla… que sea claramente una iniciativa con la escala que el Estado dedica a las iniciativas que desarrolla para tener el impacto genuino y profundo en la sociedad, a la que va dirigida.

-En una nota de la revista Veintitrés usted señaló que está a favor de la despenalización de la droga, del matrimonio gay y algunas cosas que parece que con Macri o la línea del PRO no concuerdan, ¿cómo se imagina sentado en una reunión de gabinete con personas como Rodríguez Larreta, y otros?
-Más allá de las opiniones personales que uno pueda tener de los distintos temas, lo que hay que tener en claro que no es competencia del ministerio este tipo de temas. Si fuese yo quien ocupara esa cartera son temas que estarían fuera de mi competencia.

-¿Pero puede estar alguien bien adentro del PRO pensando eso?
-Por supuesto. El nuestro es un espacio político plural en su conformación y bienvenida esa diversidad.

-¿No cree que le juega en contra su punto de vista sobre estos temas en esta indefinición de Macri respecto de la cartera?
-Yo creo que Mauricio tiene claro lo que acabo de decir. En última instancia este tipo de temas son de la órbita nacional, y en segundo lugar de otras áreas.

-Volviendo a la gestión, el tema del Teatro Colón es uno de los principales de las propuestas del PRO. Se dice que 1.400 empleados para el Teatro es mucho. ¿Es acertado ese concepto, no es un mero recorte?
-­Dos cosas. Mucho o poco siempre es en relación a qué se quiere hacer.

-Se habló también de poca “productividad” del Teatro...
-En ese sentido voy. Uno mira la cantidad de títulos, de funciones, de conciertos que hay en el Colón comparado con otros teatros líricos en el mundo, por un lado, y comparado con la misma historia del Colón en el pasado, por el otro. Y esto advierte que hay baja productividad. Por ejemplo, el ballet está bailando, pero más o menos la mitad de lo que hacía diez años atrás. En lo que respecta a la temporada lírica, el año pasado el Colón produjo ocho títulos con un total de 52 funciones. En el mismo período, el Scala de Milán o el Teatro Real español produjeron 12 títulos ambos, y 98 funciones el primero y 99 el otro. Entonces uno advierte que tenemos mucha gente para tan pocas funciones. Hay como cierto consenso en la opinión pública de que el Colón es un ejemplo de exceso de personal. A lo mejor, creo que el Teatro podría funcionar con menos gente. Pero hay varias cosas para contestar: la primera es que no se trata de producir despidos masivos, la realidad es que el Teatro Colón de acá al 2010 va a haber 280 empleados en condiciones de jubilarse, en segundo lugar esos casi 1.400 empleados –les aclaro- incluyen 109 que pertenecen al plantel del Instituto Superior de Arte del Colón. En cualquier caso, 1.100 son de planta permanente. No creo en las soluciones mágicas, simplistas de pensar que a lo mejor la situación sea echar al 30 por ciento de su personal. Estamos diseñando un plan estratégico para los cuatro próximos años que vamos a dar a conocer oportunamente pero al tema lo estamos abordando con mucha seriedad y muy alejado de las soluciones mágicas.

-Respecto al canal Ciudad Abierta, ¿logró convencer a Macri para que no lo cierre o sigue pensando en cerrarlo?
-Hay una buena probabilidad de cierre, pero me interesaría recuperarlo como un canal cultural.

-Otro punto principal de las propuestas es –según dicen en PRO- la necesidad de la Ciudad de contar con un auditorio y que es una gran deuda si se quiere comparar con otras de Latinoamérica. ¿Cómo está esa situación?
-Las obras están licitadas y adjudicadas respecto del auditorio que va a estar en la Usina de La Boca. Buenos Aires no puede pretender seriamente ser la capital cultural de América Latina o una capital de relevancia sin contar con un Auditorio para su música académica, así que la intención de seguir adelante con esa obra es clara de parte nuestra, y además va a servir para poner en valor al barrio de Catalinas y es parte del ideario de Mauricio, que considera que es inaceptable que haya barrios de la Ciudad que parezcan del primer mundo y otros que parezcan del tercer. Esto lo tenemos que revertir, pero es un proceso de largo aliento, algo que no se hizo en décadas o que se hizo de manera distinta. Nuestra intención es empezar a revertir eso, entonces antes de construir un polo para un centro de atracción cultural hay que hablar de mayor seguridad para ese barrio y solucionar el problema del transporte público para que la gente pueda llegar al Auditorio sin problemas, el tema del estacionamiento. En última instancia de lo que se trata es de empezar a recuperar un barrio que hoy por hoy está abandonado. Y con lo que se propone se habla de una presencia del Estado.

-Hablando de números, el presupuesto de Cultura de 2007 fue de aproximadamente cerca de 350 millones de pesos ¿Cómo sería la situación…?
-(interrumpe) El número que yo tengo es un poco menos, es 323 millones, de fuente fidedigna.

-¿Sería menor el presupuesto con Macri teniendo en cuenta que es una ciudad con una influencia turística importante y si se compara con Nación, que asigna 70 millones para todo el país? ¿Es adecuado?
-Vamos por partes. El número que Nación destina a Cultura es irrisorio, lamentable porque revela la poca importancia que se le asigna al área. En momentos en que el Estado Nacional en los últimos años ha generado superávit superiores a los 20 mil millones de pesos todos los años y le destine el 0,24 por ciento de su presupuesto a la Cultura me parece trágico.

-Cuando la UNESCO recomienda asignar el 1 por ciento del PBI…
-Sí. Y en el caso de Ciudad esos 323 millones representan el 3,4 por ciento. A mí por supuesto me gustaría incrementar ese porcentaje, habrá que ver en el seno del Gabinete si es posible o no. Lo que hay que conseguir, como sucede en otros países del mundo, además del esfuerzo que el Estado hace, que los privados –Ley de Mecenazgo mediante que ya está sancionada y reglamentada- ayuden al financiamiento de la Cultura. Eso no significa que el Estado dé un paso atrás en las responsabilidades que tiene, pero como evidentemente no alcanza vamos a apelar al financiamiento privado para complementar al Estado y es un incentivo fiscal adicional para las empresas.

1 comentarios:

mint dijo...

muy buena nota!
saludos cordiales :)