Telerman admitió que su campaña fue “frívola” y su publicista “de terror”

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Por Facundo Cornejo - Sábado 29 de diciembre de 2007

Luego de entregar el mando a Mauricio Macri y de unos días de descanso, el ex jefe de Gobierno porteño Jorge Telerman reapareció ayer en su blog. Además de analizar su gestión, se refirió a la campaña electoral, a la que calfiicó de "liviana, narcisita y bastante frívola", a la vez que lamentó haber contratado a su publicista al considerarlo "de terror".

En su blog personal (http://jtelerman.blogspot.com/) Telerman admitió que "quedaron muchas cosas por hacer", a lo largo de sus 20 meses a cargo de la Ciudad. Y las dividió en tres etapas: "En los primeros meses hubo que ponerse a trabajar sobre dos agendas simultáneas: calmar las aguas, sociales, institucionales y políticas, encrespadas por el juicio político y destitución de Ibarra, pero sobretodo, por la llaga dolorosa de las terribles muertes de los chicos en Cromagnon".

"Rehacer diálogos con los otros poderes, con los padres de los chicos de Cromagnon, con los actores sociales y económicos más importantes de la Ciudad. Al mismo tiempo, para darle vigor y legitimidad a un gobierno que muchos se preguntaban si iba a ser capaz de mantenerse en pie, teníamos que mostrar otro ritmo de gestión, dar a conocer nuestra visión de ciudad, redefinir prioridades y mostrarlas con obras y acciones".

Asimismo, manifestó su punto de vista respecto de la campaña electoral para las elecciones del 3 de junio, en la que quedó fuera del ballotage al consagrarse en el tercer puesto, por debajo del candidato de la Casa Rosada, el hoy senador Daniel Filmus, y el actual jefe de Gobierno, Mauricio Macri. "Luego de 14 meses, campaña incluida, llegaron las elecciones y, con ellas, la decepción y la pena. ¿Cuánto hubo de errores propios, cuánto de no poder neutralizar la campaña sucia de denuncias y caos promovido, cuánto de haberle dejado el campo libre a Macri? (...). En mi lista de errores figura, lo confieso, la campaña publicitaria que, aunque colorida y alegre, fue liviana, narcisista y bastante frívola. No contó ni siquiera lo que habíamos hecho ni hacia donde queríamos ir, sino que se entretuvo de manera chistosa en mí....pelada. ¡¡¡¡¡Recuérdenme de no convocar nunca más a publicistas apolíticos para hacer una campaña!!! Son de terror y solo se dan gustos personales."

Y para el final, dejó a entrever sobre lo que va a ser su futuro: "En todo caso, esa pena (perder las elecciones) ya había archivada poco después de la noche del 3 de junio, cuando empezamos a brindar por la vuelta." Por lo pronto, se sabe que quiere abrir una fundación en la Ciudad. De todos modos, prometió seguir contando en los próximos días.

Hace seis años, la Ciudad fue escenario de las protestas y la represión del 19 y 20 de diciembre

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Por Facundo Cornejo - Jueves 20 de diciembre de 2007


Foto: Infobae


En esos días en los que el país estuvo convulsionado como consecuencia de las medidas que impuso el ministro de Economía de la Alianza, Domingo Cavallo y su tristemente célebre corralito financiero, y en los que la convertibilidad agonizaba, la Ciudad de Buenos Aires fue el epicentro de las protestas del 19 y 20 de diciembre, que terminaron con serios incidentes por una fuerte represión policial y muertes, situación que determinó la caída del entonces presidente Fernando de la Rua.

La Ciudad era un caos. El miércoles 19 la gente más pobre, en su desesperación, saqueó comercios, sobre todo en el Conurbano y en ciudades del Interior y en menor medida en la Capital. Llegada la noche, con la tensión social en su escala máxima, De La Rua decretó el Estado de Sitio, en un mensaje que en el seno de su Gabinete tildaron de “autista”, y fue la gota que rebalsó el vaso. Apenas difundido el mensaje, los vecinos dejaron sus casas y comenzaron a marchar –autoconvocados- a la Plaza de Mayo y de los Dos Congresos, desoyendo lo dispuesto por el mandatario. Jóvenes, familias completas incluyendo al perro y ancianas en camisones llegaban en plena madrugada desde Flores, Almagro, Caballito y Balvanera golpeando las cacerolas y con el grito en común de “¡Que se vayan todos!”.

Fue la marcha de una clase media que se cansó de la ausencia de medidas de fondo en el plano económico y que tuvo que sufrir el impuestazo de Machinea –que limitó su capacidad de consumo- un aumento notorio en la desocupación y el recorte del 13 por ciento a estatales y jubilados para llegar a ese imposible “déficit cero”.

Se trató de una manifestación cívica pacífica. Sin embargo, a las cuatro de la madrugada y cuando la mayoría volvía a sus hogares, la Policía tiró gases lacrimógenos. Se vislumbraba otro día tenso.

Comenzada la mañana, y con las imágenes de los saqueos –en especial la de un supermercado chino de Ciudadela que mostraba al dueño en un desgarrador llanto mientras un grupo de quienes eran sus clientes se llevaban todo lo que encontraban, incluso el arbolito de Navidad que servía para decorar el local- grupos piqueteros y partidos de izquierda fueron a Plaza de Mayo, y también se sumaron vecinos por cuenta propia.

La Policía tenía la orden de “limpiar” la plaza, que estaba cortada a la mitad por una valla metálica. De un lado, los efectivos; del otro, la gente. La Montada que tiraba los caballos a todo aquel que estuviera en ese histórico lugar, sin distinguir entre manifestantes, vecinos y Madres de Plaza de Mayo. Era un constante avance y retroceso de ambos bandos. Y balas de goma, balas de plomo, gases, piedras y vidrios rotos daban un panorama de una ciudad en guerra.

Sin embargo, la tensión no se limitaba al centro porteño. En otros barrios de la Capital las calles estaban desoladas, y quien se animaba a caminarlas lo hacía con paso acelerado. Quienes no iban a la Plaza o al Congreso, manifestaban su bronca en esquinas y cortaban el tránsito. Y no faltaban los destrozos o la quema de algún auto o local.

El descontrol reinó en la Ciudad: la avenida Rivadavia, las Diagonales Norte y Sur, la avenida de Mayo, Florida y la avenida 9 de Julio tuvo enfrentamientos.

Y esa Plaza, que supo ser escenario de festejo y bronca popular, fue el escenario que sumó a su historia otra triste página, con muertes (30 en todo el país), cartuchos de gas lacrimógeno, balas de goma y baldosas rotas. También fue testigo silencioso de la caída de De La Rua y de un modelo económico que ya no tenía sustento.

La Ciudad que deja Telerman

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Por Facundo Cornejo - Sábado 8 de diciembre de 2007


(Foto: Flickr de Jorge Telerman)

El escritorio luce vacío, los cuadros ya no están y los estantes esperan recuperar pronto su utilidad. Jorge Telerman se despidió de sus empleados y colaboradores para poner fin a su gestión de un año y ocho meses al frente de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad, puesto que asumirá Mauricio Macri mañana.

Los ejes centrales de sus 20 meses a cargo de la Capital fueron las remodelaciones en el espacio público –una buena parte de las plazas y parques porteños fueron embellecidos, con rejas en su perímetro y juegos a nuevo- y un fortalecimiento en las actividades culturales, con la Noche de los Museos como evento resonante, que llevó a que los vecinos pudieran disfrutar de charlas, recitales y muestras de forma gratuita.

Sin embargo, es en este punto donde también quedó una cuestión pendiente. Si bien logró –a través del Ministerio que encabezó Silvia Fajre desde 2006- acercar la cultura a los barrios, algunos quedaron rezagados, como por ejemplo Villa Lugano y Villa Riachuelo.

Por otra parte, el sanitario fue un ámbito en el que Telerman no pudo llevar a cabo grandes avances. A favor tiene la implementación de un horario extendido en cuatro hospitales –atención de especialidades médicas durante la tarde- y un incremento en el personal, acentuado en enfermería. Pero no pudo concretar el hospital de Lugano, ni mejoras en la infraestructura de otros centros de salud, como los de salud mental, que tienen serios inconvenientes edilicios.

El rubro turístico fue otro de los que más creció en la gestión del “afrancesado” –expresión que terminó adoptando- y Buenos Aires se convirtió en uno de los puntos más visitados de América latina.

Respecto del transporte público, se dio el gusto de inaugurar la primera etapa de la línea H de subte, entre Once y Parque Patricios, a la vez que dejó en pleno trabajo al resto de las estaciones y a la prolongación de la línea A. También estrenó el tranvía de Puerto Madero, que hoy día tiene un fin turístico por el recorrido de apenas 2.400 metros y muchos de los pasajeros lo consideran lento.

Otras cuentas pendientes fueron el estado de las escuelas –muchas de ellas con problemas edilicios- situación que Mauricio Macri prometió solucionar ya que consiguió superpoderes para hacer contrataciones en forma directa y apurar licitaciones. En materia social no logró frenar –ya sea con políticas del sector- el crecimiento de villas, y las que empezó a urbanizar tuvo que enfrentar el conflicto entre vecinos por ocupaciones ilegales en los departamentos adjudicados.

Y el clima también le dio la espalda en más de una oportunidad: varias tormentas inundaron a la Ciudad a niveles que en años no se producían, y las obras hidráulicas no se realizaron.

Telerman señaló al canal C5N que deja “una ciudad maravillosa”. Más allá de lo que no llegó a concretar, hubo muchos cambios en menos de dos años. Y algunos confirmados para la siguiente administración: los contenedores de residuos se extenderán a otros barrios porteños.

Por lo pronto, se despidió de sus colaboradores, dejó el despacho listo para su sucesor y su plan inmediato es buscar una casa para alquilar en la costa, tras siete años de trabajo en diferentes puestos en la Ciudad. “Necesito descansar”, señaló, para recuperar energías y dedicarse a la fundación que pretende crear.